La soledad de los tiempos modernos invita al ermetismos del alma, como un resurso ameno de defensa ante los avatares que sufre constantemente.
La lluvia, que conjuga el salitre del rostro, se une como hermana consoladora ante la angustia incesante. Es la oscuridad de la noche, el silencio meritorio de la esperanza de un mañana; y el verde que revivie al sol es el vaticinio de vos.
Es el agua, esa energía viva, en la que sumergido te imagino y espero el roce cálido de tu mano, no quiero una ablución sin vos.